August 11, 2022

Recesión es cuando tu vecino se queda sin empleo; depresión es cuando lo pierdes tú”. 

― Ronald Reagan

Tras el estancamiento invernal, la primavera no trajo mejores resultados para los inversionistas y los responsables de la política durante el segundo trimestre.

El mercado bursátil registró pésimo desempeño, fue el peor primer semestre para el S&P 500 desde 1970. A los inversionistas de renta fija les fue un poco mejor; sus pérdidas fueron menores que las del mercado de valores, pero sus rendimientos negativos son los más profundos de la historia moderna durante la primera mitad del año.

A excepción de los mercados de materias primas, prácticamente no ha habido señales positivas en 2022. El desempeño de los mercados financieros reflejó una economía con rendimiento igualmente bajo durante la primera mitad del año. 

La confianza de los consumidores se desplomó, las encuestas regionales de la Fed sobre la actividad comercial han sido débiles y algunos modelos de seguimiento, incluido el indicador del PIB de la Fed de Atlanta, pronostican una contracción del PIB durante el segundo trimestre.

La obstinada inflación y el firme compromiso de la Reserva Federal de reducirla a través de aumentos en las tasas de interés que frenan la demanda y la actividad económica, sustentan el ánimo cada vez más amargo en Wall Street y Main Street.

Los hogares se encuentran en una buena posición para resistir esa situación por un tiempo, dada la solidez del mercado laboral y su acumulación de ahorro. Pero su resiliencia disminuye y el principal impulsor del crecimiento de la economía, el gasto de los consumidores se redujo significativamente en mayo, ya que el consumo personal aumentó apenas un 0.2 por ciento, su crecimiento más débil en este año.

Es importante destacar que los incrementos nominales compraron menos bienes y servicios, ya que la inflación erosionó todo el aumento nominal. Ajustado por la inflación, el gasto del consumidor descendió 0.4 por ciento, erosionando más de dos tercios de las ganancias obtenidas durante los dos meses anteriores.

El sólido aumento de los pedidos de bienes duraderos en mayo se desvaneció cuando en junio el índice de la actividad manufacturera se desplomó 3.1 puntos, su nivel más bajo desde marzo de 2020. Los nuevos pedidos cayeron de 55.1 en mayo a 49.2, lo que muestra la completa reversión de las ganancias del ISM.

No es sorprendente que los temores de recesión hayan cobrado fuerza, influyendo en el comportamiento de los mercados y provocando bajas generalizadas en las previsiones económicas; una franja cada vez mayor de la comunidad de pronosticadores cree que la economía está al borde de una recesión, si no es que ya nos encontramos en una.

La perspectiva de una recesión económica tiene implicaciones graves para los corporativos. Las recesiones y la caída de la demanda van de la mano, lo que produce una caída de los ingresos.

La disminución de la demanda significa menos poder de fijación de precios por parte de las empresas, lo que dificulta que protejan los resultados finales de la mano de obra y los rígidos costos generales. Para las empresas una reducción de costos implica despidos de trabajadores, lo que refuerza una espiral descendente en la actividad económica.

Con la creciente evidencia de que el PIB puede contraerse en el segundo trimestre, la lista de analistas que creen que ya ha comenzado la recesión sin duda se ampliará. Una contracción en el segundo trimestre constituiría la segunda caída trimestral consecutiva del PIB, lo que cumple con la definición no oficial de recesión.

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