August 11, 2022
Se come lo que se puede

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Adolfo Zableh Durán

Es una industria macabra la alimenticia: ¿quieres cuidar tu organismo? Paga de más.


16 de julio 2022 , 12:28 a. m.

Que la comida está impagable, se sabe. Vas al supermercado y con lo que antes comprabas diez productos ahora adquieres seis. Parece mentira, pero ahora sale más barato comer en restaurante que en la casa (si sabes escoger el restaurante, por supuesto) porque con lo que te cuestan los ingredientes y el tiempo que te lleva cocinarlos, resulta mejor negocio alimentarse en la calle.

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Dicha ley no se aplica si te da por alimentarte sano. Lo sano vale un ojo de la cara lo comas donde lo comas, mientras que envenenarse poco a poco con comida producida en masa cuesta apenas unas monedas. Es una industria macabra la alimenticia: ¿quieres cuidar tu organismo? Paga de más; si no te alcanza la billetera, mátate lentamente.

Eso de comer pequeñas porciones de comida saludable cada tres horas es para ricos o para disciplinados; o para ricos disciplinados más bien, porque a veces tienes el dinero para tales lujos, pero careces de la fuerza de voluntad. Acá la gente come hasta llenarse por costumbre, sí, pero también porque no sabe cuándo ni cuál va a ser su próxima comida. Y nada de frutas exóticas, verduras en julianas, pan sin gluten ni batidos antitoxinas, que con lo que cuestan esas vainas se pagan cinco ‘corrientazos’.

Por eso es que solo un país como este, concebido desde la carencia, se hubiera podido inventar esa monstruosidad gastronómica llamada bandeja paisa. Rica es, pero puedes sentir cómo se te van semanas de vida cada vez que consumes un bocado.

Por eso no deja de llamar la atención que esté otra vez sobre el tapete la propuesta de gravar las gaseosas y otras bebidas azucaradas. Entiendo que se haya ideado en parte con fines saludables, pero lo veo más por el lado económico: el Gobierno necesita recaudar una billonada con nuevos impuestos, y subirle el precio a algo que se consume masivamente es una forma fácil y rápida de rellenar las arcas. Aunque lo de ponerles impuestos a las gaseosas es también un pulso político entre el gobierno entrante y el saliente. Duque se negó a tal cosa desde que era senador, mientras que Petro no solo necesita el dinero, sino lucir coherente en su posición de defensor de la vida.

Es lógico que el Estado meta mano en la producción de comida de un país aunque la decisión final sea del consumidor, que se alimenta de acuerdo a sus gustos y posibilidades.

Y aplaudiendo la medida hay una cantidad de sapos preocupados por los demás, sugiriéndoles que tomen jugos naturales o simplemente agua (productos a veces inaccesibles por precio o por logística) porque es lo mejor para su salud. Es que son tan bellas personas, tan preocupadas por el bienestar general y tan abanderadas de la libertad y de la vida. No merecemos en este país a semejantes seres de luz, deberían darles de una vez la ciudadanía noruega por sus buenas acciones. Pueden decir lo que quieran, que al final lo que va a pasar es que van a poner más caro un producto que mucha gente consume porque es para lo que le alcanza.

Es lógico que el Estado meta mano en la producción de comida de un país aunque la decisión final sea del consumidor, que se alimenta de acuerdo a sus gustos y posibilidades. A mí en particular me revientan los fundamentalistas de la comida sana, prefiero aguantarme a un hincha de fútbol, que puede ser la entidad viva más descerebrada del universo. Es insoportable salir a comer con alguien así porque toca escoger el restaurante con lupa, y luego se expone uno a platos que valen un semestre universitario y que para entender sus ingredientes es necesaria la explicación de Carl Sagan.

Son aburridísimas esas personas, amargadas a veces, y cada vez que me cruzo con una me acuerdo de mi profesor de psicoanálisis en la universidad, que decía que la gente es en la mesa como es en la cama. Ahora que lo pienso, jamás me entendí con alguien que comiera sano, por eso nunca salí con Sascha Fitness.

ADOLFO ZABLEH DURÁN

(Lea todas las columnas de Adolfo Zableh Durán en EL TIEMPO, aquí)

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