September 30, 2022

Existe ya un consenso con respecto a los alcances del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2023. En resumen, el gobierno, en esta ocasión, se tomó algunas licencias, ya que propone déficit primario y es muy optimista en algunos supuestos, como el de crecimiento o la plataforma petrolera. Nada de qué preocuparse, seguramente se tendrán ajustes durante el ejercicio, por ejemplo el gasto de inversión propuesto para Conagua será difícil de ejercer y siempre es posible reducir un poco el subsidio a las gasolinas. México cosecha el haber mantenido buenos balances de finanzas públicas en los últimos años, incluso en la pandemia, y seguramente la relación deuda/PIB estará alrededor del 50%, cifra muy buena en las actuales circunstancias globales.

La mayor parte del gasto de inversión se concentra en el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el tren del Istmo, lo cual es lógico, al acercarse el final del sexenio se concluyen los principales proyectos. Eso, además de inversiones en agua y en mantenimiento carretero. El presupuesto será mayor que en años anteriores, pero también los gastos ineludibles como el costo financiero de la deuda, pensiones, pagos de nómina, etc. De hecho el CIEP (Centro de Investigación Económica y Presupuestal) calcula que solamente el 2% del PIB se puede destinar a financiar políticas adicionales.

De acuerdo con dicho centro, el espacio fiscal se ha reducido, ya que es 0.1 puntos porcentuales menor al espacio fiscal de 2022 y 1.5 puntos porcentuales menos que en 2021. Si bien este año, y seguramente el próximo, las finanzas públicas no son un riesgo, por la prudencia en su manejo, sí lo pueden ser en un par de años. La principal razón es el crecimiento de las obligaciones por pensiones. Para ese rubro en 2023 se consideran 1.7 billones de pesos, 5.4% del PIB y 20.4% de todo el presupuesto. Es decir, 2 de cada 10 pesos ya se destinan a pensiones, las contributivas, las de adulto mayor y las del bienestar. Se trata de un incremento de 12% con respecto al año pasado. El gasto en pensiones en México ha aumentado, en promedio, 6.6 % real anual en el periodo que va de 2016 a 2023.

México, un país que históricamente ha mantenido un bajo nivel de recaudación fiscal, en realidad ha mejorado su tributación en los últimos años. En 2013 los ingresos tributarios eran de alrededor de 10 puntos del PIB, para 2018 ya alcanzaban los 13 de puntos del producto, gracias a la reforma fiscal que se llevó a cabo. Para 2023 se espera llegar a 14.7 puntos del PIB, debido a las medidas de combate a la evasión y elusión fiscal de este gobierno. El margen ya no parece ser mucho más amplio para incrementar los ingresos por esa vía, la de cobrar mejor. La alternativa más evidente, por su naturaleza progresiva, es incrementar la tasa del impuesto sobre la renta y reducir deducciones para las personas físicas de mayores ingresos, eso, según estima la organización México Evalúa, podría recaudar alrededor de 60 mmdp. A eso se pueden sumar alternativas para gravar sucesiones y patrimonio cuando alcancen cantidades muy altas.

Los impuestos al consumo tienen poco margen por la vía de incremento de tasas o de establecer otros nuevos. De acuerdo con estimaciones del CIEP, los impuestos al consumo, IVA y IEPS, que pagan los deciles de ingreso más bajo, los hogares más pobres, no son muy diferentes a los que pagan los deciles superiores. Por ejemplo, mientras el decil 3 paga 20,191 de IVA y 10,900 de IEPS, el decil 8 paga 37,137 de IVA y 14,335 de IEPS, cuando las diferencias de ingreso de ambos son enormes. El IVA es el impuesto menos progresivo, de acuerdo con CIEP, el coeficiente de Gini del pago de ese impuesto de 0.513, lo cual es menor al coeficiente del pago de todos los impuestos, de 0.685. Eso significa que su pago se distribuye más o menos igual entre los contribuyentes.

Las posibilidades de eliminar excepciones al IVA son difíciles desde el punto de vista político y no deseables si el objetivo es disminuir la desigualdad en la sociedad. Lo que sí es posible hacer, es detonar los procesos para bancarizar a la población, con la idea de eliminar el efectivo al máximo, y así poder lograr una mejor fiscalización de las transacciones de consumo. Las soluciones tributarias tendrían que estar más por el lado de un política nacional que haga posible cobrar el impuesto predial, sin duda el tributo más rezagado del país, que restablezca la tenencia como impuestos nacional y que incremente las recaudaciones locales en impuestos que sí tienen base tributaria, como el de nómina. Esto es, el gobierno federal tendrá que desarrollar políticas tributarias coordinadas con los gobiernos locales. La otra, claro, es gravar más a la riqueza y los altos ingresos, eso es definitivamente posible en la desigual sociedad mexicana actual.

Twitter: @vidallerenas

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