September 29, 2022
¡Qué vergüenza!




Nada más vergonzoso para el fútbol profesional colombiano el episodio registrado esta semana en el estadio 12 de octubre de la ciudad de Tuluá, Valle del Cauca, en donde se disputaba un partido de la fecha 13. Tuluá le ganaba 2-0 al Deportivo Cali, cuando hinchas del equipo azucarero invadieron la cancha y la emprendieron contra los jugadores y en especial, contra el técnico y símbolo del club Mayer Candelo, a quien señalaban de la crisis futbolística. Lo insultaron, hubo empujones y la Policía debió custodiarlo para salvaguardar su integridad física. También se reportaron agresiones contra otros jugadores caleños, entre ellos Teófilo Gutiérrez.

Los videos que han circulado en redes sociales en torno a este episodio muestran la magnitud de la trifulca y del caos en que terminó el espectáculo futbolero.

Estos hechos son censurables desde todo punto de vista y no deben quedar en el solo rechazo público. Este repudiable episodio debe conducir a que se emitan las sanciones disciplinarias y penales de rigor.

Como lo hemos señalado en reiteradas oportunidades desde esta tribuna, el fútbol genera una desenfrenada cascada de sentimientos y emociones, pero ninguna debe llevar al odio y mucho menos, a la agresión verbal o física. El fútbol, que tantas alegrías nos produce, es incompatible con el resentimiento que quieren imponer unos pocos desadaptados.

El mensaje es claro: la mala racha de un equipo de fútbol o la rivalidad deportiva no debe ser utilizada para que unos pocos desfoguen su ira. Por eso, es necesario que se fortalezcan los programas para propiciar un ambiente de tolerancia y respeto dentro y fuera de los estadios del país.

Las autoridades y la misma sociedad deben contribuir a aislar a los violentos. Hay que garantizar que quienes vayan a los escenarios deportivos se sientan seguros.



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