October 4, 2022
Por qué la Justicia ordenó cambiar nombre y género de un adolescente cordobés, a pesar de que su padre se oponía

El fallo judicial fue de la jueza en lo Civil de Río Tercero, Romina Sánchez Torassa. La causa se judicializó por la inconformidad del padre del menor.

miércoles, 21 de septiembre de 2022 hs

“Quiero agradecerte la valentía de llevar a cabo un proceso judicial, con todo lo que ello implica, para lograr tus sueños. No es fácil en una sociedad en la que el prejuicio, la desigualdad, la discriminación, la falta de solidaridad con el reconocer en el otro sus necesidades, abrazar con valor lo que nos pasa, reconocernos, percibirnos y autoafirmarnos. Aun así, con sólo 16 años y mamá que te acompaña en tu proceso, llegaste a pedir a la Justicia cumplir tu deseo de adecuar tu documento a tu realidad, a tu cuerpo y a tu identidad”.

Eso le escribió, en su fallo judicial, la jueza del juzgado multifuero de primera nominación de Río Tercero, Romina Sánchez Torassa, a un adolescente que pidió que su nombre y su género tuvieran relación con su identidad autopercibida.

La causa se judicializó porque el padre del menor no prestó su consentimiento. Así fue que el trámite que se inició en el Registro Civil de Río Tercero terminó en la Justicia.

La jueza no le hizo lugar al planteo del padre, sino que resolvió a favor del adolescente y de su madre. Entendió que el padre “por un largo tiempo se encontró ausente en la vida de su hijo, que no le permitió vivir ese proceso”.

El ahora adolescente nació niña, pero hace unos meses le confesó a su madre su necesidad de concretar el trámite para la rectificación registral de sexo y cambio de nombre. En el pedido se plantea que se autopercibe del género opuesto al de su registro al nacer.

El fallo consigna que su proceso de autopercepción lleva tiempo y que es conocido en su ámbito escolar, familiar y afectivo. Y se subrayó que el adolescente “se encuentra seguro de su decisión”.

Al mismo tiempo la jueza Sánchez Torassa ponderó que el joven“ha podido trasmitir su historia, sus necesidades y sobre todo ganas de vivenciar su nombre y su género autopercibido adecuando la documentación que así lo traduzca”.

Por ello, sostuvo que “con alto grado de certeza presume su capacidad y madurez suficiente para comprender el alcance de lo pretendido brindando sus razones con solvencia y fundamentos que denotan claramente en sobrado grado de entendimiento para la toma de esta decisión”.

En otro párrafo del fallo, la jueza vuleva a escribirle al involucrado de modo directo: “En generaciones como la tuya descansa la esperanza de la igualdad, la libertad y una vida libre de prejuicios y discriminaciones y como magistrada lo celebro”.

“En la adolescencia se comienza a formar el proyecto de vida individual de cada persona, por lo que es de fundamental importancia que esta etapa pueda ser vivida en total libertad para lograr un desarrollo saludable, en el marco de la autoaceptación. En este sentido, la doctrina y la jurisprudencia han sido contestes en afirmar que la identidad de género es un elemento constitutivo de la identidad de las personas y por lo tanto su reconocimiento no puede quedar soslayado a la voluntad de una tercera persona”, estableció además en la sentencia.

La ley nacional

En este caso se valoraron los fundamentos de la ley 26.743 de Identidad de Género; la Convención sobre Derechos del Niño; la ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos De Las Niñas, Niños y Adolescentes; los Principios de Yogyakarta; la Declaración Americana de los Deberes y Derechos del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos; la Declaración Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Resolución de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

La jueza sostuvo que en la legislación argentina se pone el foco de la identidad de género en la autopercepción, de acuerdo al tratado internacional de los Principios de Yogyakarta.

En ese marco, remarcó que es importante diferenciar sexo, que está dado por las características biológicas que distinguen hombre de mujer; de género, que es el conjunto de pautas culturales y sociales que se utilizan para distinguir las actitudes o conductas que socialmente se consideran masculinas o femeninas.

La jueza interpretó que la decisión judicial que se toma en este caso “influye directamente en su vida, más cuando se encuentra en debate el derecho a su identidad, autopercepción y dignidad”.

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