August 15, 2022
Orígenes de la cultura vallenata por sus autores

El 21 de julio se estrena en el circuito de salas de Cine Colombia el alma de un pueblo, el pueblo raizal vallenato. Sin narrador propiamente dicho, con el hilo conductor de los testimonios de compositores, acordeoneros e historiadores apegados a su terruño. Tratándose del patrimonio inmaterial de la humanidad, según la Unesco, esta expresión auténtica de la provincia costeña colombiana ha sido forjada por sus cultores desde los territorios chibchas del Valle del cacique Upar –entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la serranía del Perijá–.

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Martín Nova, director y productor asociado, quien ya había presentado el exitoso largometraje ‘Colombia: magia salvaje’ y se desempeñó como vicepresidente financiero del Grupo Éxito, ahora nos trae una juiciosa investigación musical y biográfica en torno al más evolucionado de los aires colombianos. Un justo homenaje a quienes muy dicharacheros, desde Valledupar y sus alrededores, “nos abrieron sus corazones para contarnos y cantarnos su historia”.

Bautizada como la Selección Colombia del vallenato, con cuarenta horas de entrevistas en dos años y un exhaustivo trabajo de edición, podemos enterarnos como espectadores de sus raíces, influencias y evoluciones. Porque flautas y gaitas de los aborígenes taironas les abrieron paso a los primeros acordeones traídos de Europa a finales del siglo XIX. Así lo reconoce Nafer Durán, a los 90 años, en el kiosco de la casa donde también nació su hermano Alejo –primer rey vallenato, en 1968–.

“No era bien visto tocar vallenatos puesto que se le catalogaba como un ritmo corroncho en Valledupar y Santa Marta”, según Gustavo Gutiérrez Cabello. Recordamos que Francisco el Hombre existió y se llamó Pacho Moscote, que los del Valle son acordeoneros, no acordeonistas, y que María Antonieta Pons bailó “se va el caimán… se va para Barranquilla”. También, que cajas y guacharacas complementan los aires de paseos, sones, merengues y puyas.

Gabriel García Márquez afirmó que su novela cumbre ‘Cien años de soledad’ era un vallenato de 350 páginas y agregó que era “el arte del relato para soltarle la cotorra a la gente”. Así fue como Tomás Enrique Pumarejo “escribía canciones como si fueran crónicas”. Otros gestores que nunca se olvidan: Rafael Escalona, Adolfo Pacheco, Emiliano Zuleta y Diomedes Díaz.

Vimos a Emiliano Zuleta y ‘La gota fría’, en versión de Colacho Mendoza, internacionalmente promovida por el cantautor samario Carlos Vives; oportunos comentarios de las influencias sobre Fonseca, Chabuco e Iván Villazón; charlas inéditas con el musicólogo Tomás Darío Gutiérrez y Sandra Daza –sobre las agrupaciones de mujeres y en memoria de Patricia Teherán–; en conversa con Sergio Moya (‘La celosa’) y su hermano Franklin (‘Perro sinvergüenza’), e igualmente con Hernando Marín (‘La creciente’) interpretada por sus hijos Deimer y Juan Pablo.

En rueda de prensa, posterior a su primera proyección nacional, escuchamos a Rosendo Romero –hermano de Israel, el del Binomio de Oro–, quien se refirió a la popularidad de Rafael Orozco gracias a sus legendarias presentaciones en televisión. Aunque no aparece Alfredito Gutiérrez –tres veces coronado–, Romero lo define como un fenómeno” en presencia del actual ‘Rey de reyes’ (Almes Granados) y su fina ejecución del acordeón. Así mismo, reconocimos en sus imágenes a Marciano Martínez, el protagonista de Los viajes del viento bajo la batuta del cineasta cesarense Ciro Guerra.

Matilde Lina, musa de Leandro Díaz, entona la canción que en un principio no le gustó a la mamá de Ivo Díaz –este la canta en su nombre al igual que ‘la diosa coronada’–. Con la letra de ‘La celosa’, por Sergio Moya, que alardea del espíritu mujeriego y parrandero del son caribeño, hubo la contestación intitulada ‘Las disgustadas’ por féminas locales que arengaron la descarada defensa del libertinaje.

El Festival de la Leyenda Vallenata, fundado en 1968, con tres socios de lujo: Consuelo Araújo Noguera, el presidente Alfonso López Michelsen y G. G. M., por supuesto. Emotivo el reencuentro de Gabo, en Cartagena, afectado por el mal del olvido y la demencia senil, con el auténtico juglar Leandro Díaz, semanas y meses antes del fallecimiento de ambos. “Leandro”, gritó emocionado Gabo al reconocer a su viejo invidente amigo de parrandas.

Nos faltó conocer las opiniones de Israel Romero, Alfredo Gutiérrez, Adolfo Pacheco, el fallecido Jorge Oñate, quien “inicia la nueva era de la música vallenata”, Emilianito Zuleta y Rita Fernández Padilla. “Va buscando el universo, aunque no sea de la forma como nació” (Beto Murgas). Otros compositores y juglares mencionados: Julio Oñate, Santander Durán, Rafa Manjarrez y… sigue la lista.

Porque vimos y oímos a sus compositores en una mañana histórica, inolvidable, en el Titán Plaza de la calle 80 con Boyacá. Al finalizar la primera proyección de tan memorables testimonios, con el legado en vivo de sus protagonistas, les comenté emocionado a mis amigas Paula Jaramillo (Grupo Trébol) y Silvia Amaya (el cine colombiano en Cine Colombia) que esta era la mejor presentación oficial a la prensa de una película colombiana en los veintidós años corridos del presente siglo.

MAURICIO LAURENS

(Lea todas las columnas de Mauricio Laurens en EL TIEMPO, aquí)

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