October 5, 2022
Los alumnos de Bachillerato de Cataluña aprenderán que en España hay una “actual involución de derechos humanos”

Los alumnos de Bachillerato de Cataluña aprenderán que en España existe un “actual contexto de involución de algunos derechos humanos”. El nuevo desarrollo curricular de la Ley Celaá, que la Generalitat aprobó ayer, no concreta qué derechos exactamente están en regresión en estos momentos, pero sitúa esta frase dentro de un párrafo de la asignatura de Historia que habla de la Guerra Civil y el Franquismo y como justificación de que ahora “es más necesario que nunca recuperar las memorias de las víctimas de la represión y la violencia por medio de investigaciones personales y colectivas”.

Todo esto aparece en el último borrador del decreto que especifica lo que se debe estudiar obligatoriamente en los centros educativos catalanes, colgado anoche en la web del Govern. Además, los alumnos tendrán que “reconocer e identificar las identidades múltiples existentes en los territorios para entender que el respeto de los diferentes sentimientos de pertenencia es la base de una convivencia pacífica en el marco de un sistema democrático y plural”. En otras palabras, el reconocimiento de la causa nacionalista es una condición imprescindible -“la base”- para mantener la paz en democracia.

La nueva asignatura de Historia (que en el resto de CCAA se llama Historia de España) insta a los estudiantes en dos ocasiones a “reconocer el papel plurinacional del Estado y la necesidad de preservar la lengua propia“. Se reivindica “el papel de la lengua catalana como un medio de cohesión social que cabe preservar y potenciar”, pero sin mencionar el castellano.

Se alude, por otro lado, a “los conflictos” que ha generado “la centralización administrativa y política” y se propone el estudio de “modelos alternativos a la centralización“. Es únicamente el Estado español, y no Cataluña, el que aparece asociado a problemas como la “desigualdad social y territorial”, la “degradación ambiental”, los “desequilibrios territoriales” o “el desigual acceso a los recursos, los derechos y a la participación en el poder”. Se cita, en el contexto del franquismo, la “represión política, ideológica y social en el conjunto de España y la represión identitaria”. Mientras que Cataluña aparece, por contra, cuando se habla en positivo de las acciones humanitarias o la pertenencia a la UE y a organismos internacionales.

“Identidades y emociones”

El nuevo currículo se centra en la Historia de los siglos XX y XXI, especialmente desde la II República -definida como “un proceso reformista y democratizador”- y se ignora el estudio de todo lo anterior. En línea con el currículo estatal de la ministra Pilar Alegría, cobran mucha importancia “las identidades, las creencias y las propias emociones”. Las “identidades múltiples”, la “pluralidad nacional”, las “identidades nacionales”, el “concepto plurinacional del Estado” o el “catalanismo” aparecen repetidamente a a lo largo de toda la materia de Historia, que los alumnos de 2º tendrán que estudiar a partir de 2023/2024. Las asignaturas de 1º comenzarán a impartirse este mismo curso, aunque la Generalitat ha dado un plazo de tres años a los centros educativos para que puedan implantarlas “con flexibilidad”.

Cataluña es una de las siete CCAA que han comenzado el curso sin tener aprobadas sus normativas, pero el consellerJosep González-Cambray asegura que los docentes sí han podido adelantarse y organizar el curso a tiempo porque tenían las indicaciones esenciales. Está previsto que la semana próxima se dé el visto bueno al “currículo básico”, que incluye Primaria, la ESO y la FP de Grado Básico. En otras CCAA, cada una de estas etapas se han aprobado por separado.

Pero el nuevo Decreto de Ordenación de las Enseñanzas de Bachillerato tiende a agrupar. Ha juntado, incluso, los contenidos de Lengua Castellana y Lengua Catalana en un único currículo, lo que permite afirmar que “la diversidad lingüística es una característica fundamental de Cataluña y España”, aunque el castellano esté de facto excluido de las escuelas catalanas. El texto llama a una “realidad plurilingüe y pluricultural”, pero siempre prestando “una atención especial a la lengua catalana”.

La nueva distribución horaria evidencia otra de las prioridades del Govern. Pierden peso las asignaturas comunes, como Lengua Castellana, Inglés o Filosofía, que sólo dispondrán de dos horas a la semana (en otras CCAA tienen el doble) y lo ganan las nuevas asignaturas llamadas optativas, aunque es obligatorio escoger seis. Estas materias se llaman Problemáticas Sociales, Ciudadanía, Política y Derecho, Paz, Justicia y Corresponsabilidad, Población y Prosperidad o Entorno Sostenible y en ellas se anima a los alumnos a reflexionar sobre los “derechos laborales adquiridos gracias a los movimientos sociales”, si “ha aumentado la violencia machista y LGTBIfóbica”, si “la globalización promueve la interculturalidad” o “qué entendemos por democracia participativa”… Según la distribución de las materias colgada en la web, cada una de estas asignaturas tendrá tres horas a la semana.

“Canon de escritoras y autores marginados”

Cataluña, punta de lanza de la Lomloe, plantea un enfoque más competencial que teórico donde incluso los “saberes” se definen como “el conjunto de conocimientos, destrezas, valores y actitudes”. En palabras, de la Generalitat: “El enfoque competencial combina contenidos de materias con capacidades personales para resolver situaciones problemáticas”. Se prioriza una formación práctica donde pierde peso el aprendizaje memorístico. Los conocimientos también se rebajan en favor de las actitudes y los valores. Ya no se trata de saber sino, sobre todo, de ser activistas del feminismo, del cambio climático, del género… Por ejemplo, en Literatura Castellana y Literatura Catalana se pide que los alumnos participen en “la construcción de un canon literario que integre la perspectiva de experiencia de las mujeres y otras perspectivas que no han sido visibilizadas, mediante la lectura de obras de escritoras y otros autores y autoras marginados, para desarrollar el pensamiento crítico en lo que respecta a la construcción discursiva del mundo y sus imaginarios”. La misma “aproximación sin prejuicios” se pide en otras materias, como Historia de la Filosofía, Historia del Arte o Movimientos Culturales y Artísticos, donde se anima a acabar con un canon tradicional que tiene “una perspectiva androcéntrica” y “eurocéntrica”.

En sintonía con el Gobierno central, la Generalitat establece una nueva modalidad, el Bachillerato general, para los alumnos que no tienen claro si quieren hacer ciencias o letras. Este curso comenzará en formato piloto únicamente en 15 centros educativos, con la idea de que progresivamente se vaya implantando en más institutos en los próximos cursos. El nuevo decreto permite también la posibilidad de combinar como asignaturas de Bachillerato materias que el alumno ha cursado en ciclos de grado medio de FP, idiomas o estudios de música y danza.

El planteamiento competencial, defendido por psicólogos y pedagogos, no gusta a todos los profesores, especialmente a los de instituto, que ven con recelo las innovaciones de la Generalitat. Los nuevos currículos fueron, de hecho, una de las razones que estaban tras la amenaza de huelga de comienzo de curso, finalmente desconvocada tras prometer la Administración la contratación de más profesores y la reducción de una hora lectiva.

Pero a Cambray ya le costó caro en febrero otro decreto que pretendía quitar las notas trimestrales en los colegios y permitir que sus alumnos consigan el título aunque no hayan conseguido todas las competencias básicas exigidas. En esa norma se pretendía sustituir el suspenso por un eufemismo (“en proceso de logro”), aunque finalmente la Generalitat reculó ante las quejas y cambió “en proceso de logro” por un “no logro”.

Igualmente polémico ha sido el borrador del currículo de la ESO que ha circulado por los centros, donde se habla de formar a los alumnos en “identidades”, resistencia a la opresión” y “emancipación nacional”, así como a adquirir “pertenencia lingüística al catalán”. En alguna asignatura, este documento se refería a Cataluña como “país” y se ignoraba a España.

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