August 17, 2022
La salida de Johnson

Se veía venir. A principios de junio se había salvado de un voto de censura de su propio partido que lo dejó al borde del desastre. Pero cuando en los últimos días más de 60 cuadros de su gobierno dimitieron, entre ellos los jefes de Finanzas y Salud, el premier británico, Boris Johnson, supo que sus días en el 10 de Downing Street estaban contados.

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Lo que no se sabe es qué tan contados. La idea del carismático líder de rubia y desordenada cabellera es quedarse hasta octubre, cuando su partido, el Conservador, culmine un proceso interno de sucesión. Pero hay sectores que lo quieren fuera ya, a lo que se suma la oposición laborista, que amenaza con una ‘moción de confianza’ si insiste en quedarse hasta otoño, toda una pequeña crisis constitucional.

Cercado por los escándalos y con una popularidad en caída, el exalcalde de Londres intentaba seguir navegando un barco que hacía agua. La revelación de las fiestas en la casa de gobierno en 2020 y 2021 mientras millones de británicos padecían confinados en sus casas acosados por el covid; la irregular forma como se financió la costosa remodelación de la residencia oficial, e incluso las denuncias de amiguismo, las estaba sorteando con relativo éxito, aupado por el decidido apoyo a Ucrania tras la agresión rusa, que tan bien lo dejó ante los ojos del mundo.

Es de esperar que, en el estricto apego a las leyes que los caracteriza, los británicos hallen una salida pronta a la crisis de

su Ejecutivo.

Pero cuando la semana pasada estalló el escándalo –uno más– de Chris Pincher, nombrado por él en un importante cargo parlamentario, su partido no aguantó más. Pincher renunció tras ser acusado de tocar indebidamente a dos hombres, entre ellos un diputado. En principio, el despacho lo negó, pero luego tuvo que excusarse y reconocer que desde 2019 tenía conocimiento de anteriores señalamientos contra Pincher, pero que los “había olvidado”.

En el fondo, y más allá del bochorno, Johnson había venido perdiendo la confianza de los británicos, 56 por ciento de los cuales quieren que se vaya, y otro tanto que lo considera un “mentiroso”, según mediciones actuales.

Las recientes derrotas en legislativas parciales –además– no hicieron más que convencer a los tories de que Johnson no es el líder que los llevará a ganar las elecciones que vienen. Hay que anotar, sin embargo, que sus seguidores destacan logros como una exitosa campaña de vacunación contra el covid-19, que no pueden pasarse por alto en medio de los vientos de relevo inevitable.

Es de esperar que, en el estricto apego a las leyes que los caracteriza, los británicos hallen una salida pronta a la crisis de su Ejecutivo, que es en sí misma una oportunidad de demostrar la solidez y el dinamismo de su sistema político y de sus instituciones en momentos en que la inflación, la crisis energética y el desafío ruso son motivo de preocupación.

Johnson será recordado como el artífice de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, uno de los hechos políticos más controversiales de la historia reciente, en el cual contó con el apoyo de la mayoría de los británicos, y también como un defensor del derecho a la soberanía de las naciones, que hoy encarna Ucrania. Finalmente, como él mismo lo dijo ayer en su despedida a plazos, “nadie en política es, ni siquiera remotamente, imprescindible”.

EDITORIAL

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