August 17, 2022
La posesión de Petro


25 de julio 2022 , 08:45 p. m.

He estado tratando de descifrar cuál es la verdadera razón para que el presidente Petro decida posesionarse en medio de una movilización multitudinaria de militantes convocados por él.

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En los sistemas presidencialistas, el cargo presidencial tiene por naturaleza dos dimensiones. El presidente es el jefe de gobierno, representante de una clara opción política. Pero el presidente es también jefe de Estado.

La jefatura de Estado está revestida de una dimensión simbólica del poder que exige estar por encima de los partidos y representar la continuidad del Estado y de la nación.

Sin duda, no es fácil combinar en una misma persona el papel del político victorioso en una elección que lucha por llevar a cabo su programa y el del jefe de Estado que encarna la majestad y permanencia del Estado. Por ello, en actos protocolarios de la mayor fuerza simbólica, como la posesión del jefe de Estado, se acostumbra a invocar esta calidad para hablar a la nación intentando superar las divisiones y restañar las heridas dejadas en la contienda electoral. Se entiende que toma posesión como presidente de todos y no de una facción.

Hace pocos días, en declaraciones que dio desde Europa, el presidente electo hizo un llamado a mantener la movilización permanente de sus seguidores como método de ejercicio del poder. Interpreté esas declaraciones como una jugada del inconsciente del Petro-candidato que aún no terminaba por asimilar las nuevas exigencias del Petro-jefe de Estado.

El despliegue de una muchedumbre aclamatoria envía un mensaje intimidatorio a quienes no votaron por él, a la otra mitad de Colombia.

Sin embargo, la convocatoria que está circulando para la transmisión del mando presidencial con la sugestiva invitación a “que todas las calles y plazas del centro se llenen del propietario del Estado: “el pueblo”, por supuesto del pueblo que dio su apoyo y que se identifica con el nuevo presidente, deja ver que toma ventaja la idea de gobernar en modo candidato.

Lo que se conoce acerca de la preparación del acto de posesión del jefe de Estado ante cuarenta mil personas presentes en la plaza de Bolívar y “ríos” de sus seguidores sobre la carrera séptima del centro de Bogotá obliga a hacer una pregunta: ¿cuál es el sentido de convocar para ese momento esa gran movilización?

La respuesta sería evidente si los resultados de la elección de Gustavo Petro como presidente estuvieran en discusión y se necesitara convalidar su legitimidad, cosa que no ocurre. Muy por el contrario, los colombianos aceptamos sin vacilaciones el resultado legítimo de las urnas.

Tampoco se han levantado oposiciones hostiles e insuperables a sus planteamientos de reformas. Todo lo contrario, el presidente electo ha encontrado toda la disposición y la apertura al diálogo. Los partidos políticos, los gremios, y aun su mayor contradictor político, el expresidente Uribe, han respondido rápida y sinceramente a su invitación a dialogar.

Entonces, las razones que llevan al presidente electo a hacer de su posesión un despliegue multitudinario de tal alcance habrá que buscarlas en otra parte.

Una primera respuesta podría estar en su personalidad, en sus bien conocidas veleidades narcisistas. Un acto de posesión en medio de cientos de miles de sus seguidores celebrando la victoria es una caricia inenarrable para el ego.

Pero también podría tratarse de algo con efectos más perturbadores para nuestra democracia. El despliegue de una muchedumbre aclamatoria envía un mensaje intimidatorio a quienes no votaron por él, a la otra mitad de Colombia, a los 10’580.412 ciudadanos que no se identificaron con sus propuestas. De la experiencia de otros regímenes sabemos que la interacción entre un presidente popular y la masa que lo aclama genera tensión y temor en la oposición.

Este acto de posesión puede estar revelando la intención de inaugurar un período presidencial con movilizaciones políticas permanentes dirigidas a crear una democracia plebiscitaria contraria al espíritu de la democracia representativa y participativa diseñada en la Constitución de 1991.

VIVIANE MORALES HOYOS

(Lea todas las columnas de Viviane Morales en EL TIEMPO, aquí)

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