September 29, 2022
La naturaleza perturbada

En la novela El corazón de las tinieblas el escritor británico Joseph Conrad denuncia la explotación del marfil en el Congo, una práctica ominosa que fue implementada en África durante el reinado de Leopoldo II, y que condujo al extermino de cientos de miles de elefantes.

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Veinticinco años después, José Eustasio Rivera en su novela La vorágine, pone sobre la mesa el tema de la explotación descomunal del caucho en la selva del Amazonas y las guerras que esta ocasionó.

Estas dos prácticas hacen parte de la economía extractivista que perduró durante el auge de los imperios y que, aún hoy, en algunos países de América Latina la mantienen como su economía estrella.

Esta forma de producción que consiste en explotar al máximo las materias primas que nos ofrece la naturaleza (carbón, oro, petróleo), ha traído como consecuencia el deterioro del planeta, y por consiguiente, la aceleración del calentamiento global.

A partir de la explotación minera sin ningún control, nuestro paisaje está quedando fracturado.

La explotación del crudo a través del fracking es una medida extrema que deja a la tierra herida de muerte. La deforestación del Amazonas hoy es una amenaza, no solo para Brasil, Colombia y Perú, sino para el planeta.

¿Cómo hacer para que el país sostenga un crecimiento y una economía limpia con el medio ambiente?

Hace doscientos años el barón Humbold lo predijo: “El mal comportamiento de la humanidad perturba el orden de la naturaleza”.

Esta es la discusión central que está planteando al país la ministra de Minas y Energía Irene Vélez.

La idea central no es acabar de facto con la explotación minera y petrolera. El propósito es que haya una explotación de materias primas con control que respete el medio ambiente.

Ante la amenaza del calentamiento global el mundo debe entrar en un proceso de transición, con el objeto de ir suplantando aquellas prácticas extractivistas que atentan contra la naturaleza y no dan para pensar en el futuro de las próximas generaciones.

Por supuesto, esta transición molesta a las grandes multinacionales que han vivido de la explotación del subsuelo, y que, en muchos casos, no han asumido un compromiso real con el ecosistema.

Perturba, así mismo, a las bandas criminales que esquilman la tierra a más no poder, contaminando ríos y dejando a la tierra llena de huecos negros.

La minería ilegal, además de acabar con el medio ambiente, genera violencia y muerte.

¿Cómo hacer para que el país sostenga un crecimiento y una economía limpia con el medio ambiente? Si el país es productor de petróleo, ¿por qué los colombianos tenemos que comprar la gasolina como si fuera importada?

Los retos del presidente Petro y su equipo de gobierno son grandes. Pero los retos no solo son del gobierno sino también de todos los colombianos.

Si continuamos deteriorando nuestras selvas y nuestros ríos, un día, cuando el desorden climático se convierta en un diluvio, los colombianos ya no vamos a comprar tiquetes para ir a Miami, sino para viajar a la Luna o a Marte.

FABIO MARTÍNEZ

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(Lea todas las columnas de Fabio Martínez en EL TIEMPO, aquí)

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