August 17, 2022

“En el mundo hay cuatro clases de países. Los desarrollados, los que están en vías de desarrollo, Japón y Argentina”. Así comienza un análisis del diario La Vanguardia, sobre la situación económica actual que atraviesa el país.

Tal como explican, “esta división se atribuye al Nobel Simon Kuznets. Viene a sintentizar la historia económica argentina. Primero, porque de ser desarrollado a inicios del siglo pasado fue cayendo al segundo grupo. Luego, porque no acaba de entenderse desde fuera cómo un país tan vasto, con tantos recursos, se ahoga en crisis continuas. Al contrario de Japón, un punto en el mapamundi, escaso de recursos, que es potencia global. Entre lo irónico y lo triste“.

La Vanguardia: “En el mundo hay cuatro clases de países. Los desarrollados, los que están en vías de desarrollo, Japón y Argentina”

El análisis de La Vanguardia sobre Argentina

La historia se encamina a repetirse. El país vive esta semana una crisis cambiaria: en dos semanas el peso se ha depreciado casi un 30% contra el dólar en el mercado paralelo. Y se profundiza la crisis financiera, con las reservas de su banco central (BCRA) al límite, sin capacidad de financiarse en el exterior y buscando retener divisas a la desesperada con parches. Se ve inevitable un contagio a la economía productiva por la falta de medidas de calado, de un plan a largo plazo y por la nula disciplina fiscal, con déficits desde el 2009.

El problema de fondo, que arrastra al resto, es el descuadre fiscal. “Es lo que hay que hacer hoy. Primera, segunda y tercera prioridad. Con este Gobierno se han duplicado las pérdidas de las empresas públicas (2.000 a 4.000 millones de dólares), los subsidios a consumidores han pasado del 5% al 11% del presupuesto… Ahí se tienen que dirigir los cañones”, señala el economista Gabriel Zelpo. Normalmente si un Estado gasta más de lo que ingresa puede tirar de deuda para cubrirlo o generar más ingresos, por ejemplo impulsando las exportaciones. 

Pero tras años de errores, desconfianza, impagos y en medio de un plan con el FMI (Argentina le debe 44.000 millones), tiene cerrado el mercado de deuda internacional. 

El país vive esta semana una crisis cambiaria: en dos semanas el peso se ha depreciado casi un 30% contra el dólar 

En la vía de las exportaciones, “el frente energético se ha convertido en un problema“, advierte Matías Bolis Wilson, economista jefe de la patronal Cámara Argentina de Comercio y Servicios. Tras beneficiarse de la guerra en Ucrania, sustituyendo sus exportaciones, en junio ha registrado déficit comercial, porque la factura energética se ha disparado. Sale más dinero del que entra. “Ha afectado bastante el precio del gas natural licuado. Se importa bastante (tiene, pero faltan inversiones para explotarlo) y el precio se ha multiplicado”, detalla Zelpo.

Como única alternativa para tapar el agujero se ha visto la de imprimir billetes. “Argentina financia su déficit emitiendo moneda”, incide Alfredo Félix Blanco, economista y exdecano de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Hay que ir a la raíz: el gasto público disparado. Resalta que de una media del 25%-27% del PIB entre 1983 y 2001 ha pasado a suponer más del 40%. Aquí se incluyen los planes sociales, ayudas a las capas sociales que han acabado creando cierta dependencia y clientelismo político. 

En lugar de ajustes, se ha inundado el mercado de billetes para financiarlo. Los economistas coinciden en que se ha emitido en exceso, impulsando la inflación. Hoy en el 64% interanual, cerrará el año sobre el 60%-80%, vaticina Bolis Wilson. Cifras que trastocan el día a día. “Se está desarmando el sistema de precios. Se da el caso de tiendas que ni los tienen fijados. Es uno de los grandes temores que se tiene”, apunta. “Se ha fracasado en moderar la inflación”, añade Blanco. Los sueldos no llegan en el súper, donde incluso hay restricciones y falta de producto.

En la vía de las exportaciones, “el frente energético se ha convertido en un problema”

Aparejada va la depreciación del peso. Perdiendo valor aceleradamente, no sirve para ahorro, así que los argentinos suelen convertir su hucha en dólares. Pero tienen limitado el acceso al cambio, con un tope de 200 dólares mensuales a un tipo con un recargo del 65% de entrada sobre el oficial. Así, acuden al mercado paralelo, con el que existe una brecha del 150% en la cotización. La caída se está acelerando las últimas semanas por unas perspectivas grises y más gente queriendo desprenderse de sus pesos. Cuanto más repunte, más problemas. “El dólar tiene mucha referencia en Argentina, con mucha huella en los precios”, dice Zelpo.

La renuncia del ministro de Economía, Martín Guzmán, ha causado incertidumbre. Hombre del presidente Alberto Fernández, el puesto lo ha tomado Silvina Batakis, próxima a la expresidenta y hoy vice Cristina Fernández de Kirchner, en otra lucha interna de las corrientes del Ejecutivo. “La desconfianza ya era previa. Ahora hay mucho ruido y falta un plan integral. Es difícil que lo hagan por cómo se constituye el Gobierno”, expone Bolis Wilson.

Se echan en falta medidas trascendentes. Y si hay que apuntalar el peso, cada vez hay menos margen. La estadística oficial refleja que el BCRA cuenta con reservas internacionales por 40.000 millones de dólares. Pero la cifra real es mucho menor. Blanco le resta los fondos que tienen allí los bancos por los depósitos de sus clientes, un swap con China y otros compromisos. “Estamos cerca de no tener nada”, alerta. “El real se acerca a los 3.000-4.000 millones de dólares”, cifra Zelpo. Cantidad corta para salir a intervenir.

Perdiendo valor aceleradamente, el peso no sirve para ahorro, así que los argentinos suelen convertir su hucha en dólares

Para que no se escapen más dólares se está limitando la importación. “Pero las industriales son muy importantes para el funcionamiento de la actividad”, advierte Blanco. “Limitar importaciones paraliza fábricas. Ya faltan insumos para el sector del motor, de maquinaria agroindustrial, de neumáticos, de plásticos…”, enumera Zelpo.

También ha faltado gasoil recientemente. Por otro lado, se lanzan medidas que abren cotizaciones paralelas para conseguir billetes verdes. Por ejemplo, una para atraer a los turistas que cambian sus divisas en el mercado informal, las llamadas cuevas. Se quieren sus dólares. También para exportadores, “que están haciendo acopio (como en la soja) a la espera de que el tipo oficial –al que tienen que vender porque lleva retenciones incluidas– suba”, dice Zelpo. “El FMI es hoy la única fuente de dólares frescos. Las medidas anunciadas no sirven”. Y si no se dibujan los números no se cumplirá con el Fondo, sigue. Batakis ha viajado a Washington este fin de semana para reunirse con la entidad.

El panorama es sombrío. “Hay un problema de calidad institucional importante. Es un daño autoinfligido“, cree Bolis Wilson. Argentina sigue siendo Argentina. Japón, un sueño.

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