August 17, 2022
Cartas de lectores II: Neoliberalismo

Es paradójico que haya personas que se jactan de ser buenos cristianos y que sin embargo defiendan, a la vez un capitalismo desmedido. La esencia del capitalismo es, como sabemos, el egoísmo, mientras que la esencia del cristianismo, según creo, es el altruismo. Por lo tanto el cristianismo y el capitalismo (excluyente) pueden unirse con tanta facilidad como el agua y el fuego. La idea que sustenta el neoliberalismo podría sintetizarse con la siguiente frase: “dejad hacer, dejad pasar, el mundo marcha por sí solo”. Esto podría traducirse, en términos económicos, como dejad actuar al mercado libremente y los problemas se resolverán solos. La desocupación es, en gran medida, una consecuencia del progreso técnico, que permite producir más empleando cada vez menos trabajadores. Esto es bueno. Lo malo es que los desocupados no puedan contar con suficientes ingresos para sobrevivir. Pero cuando el Estado les paga un sueldo a los que no tienen trabajo -a cambio de tareas comunitarias- se produce un doble beneficio para el desempleado y también para las empresas, que, de esta manera, no se quedan sin mercados. Ahora bien, para que el Estado pueda pagarles un sueldo digno a los desocupados, es necesario que la lista de los países más felices del mundo. David Millás Pinzón, que estuvo en Dinamarca, nos relata sus andanzas en el blog “Vivir, viajar, amar”: “conocí hijos de jardineros, conductores de bus y barrenderos -dice- que estudiaban en la misma universidad que yo; viajaban dos o tres veces al año y tenían aspiraciones de vivir de lo que les gustaba”. Pero cuando los que manejan la economía de un país se ufanan de lo bien que les va a sus empresas y se olvidan que son responsables de otra gran empresa -la sociedad entera- deberían avergonzarse si hay un solo connacional que se muere por desnutrición o que fallece por carecer de una vivienda que lo proteja del frio. Hay sectores de la sociedad que tienen una mirada desvalorizante hacia los pobres, a los que ven como seres inferiores y han construido sobre ellos una cultura de la discriminación. En la actualidad existe una falsa discusión en nuestra sociedad: hay quienes dicen ¡basta de asistencialismo!, y llaman así a ciertos subsidios que se entrega a la población más necesitada del país, afirmando que lo que hay que hacer es “crear trabajo”. Pero esta falaz opción es inadmisible, puesto que los más desposeídos necesitan ayuda ya mismo. Según un informe de la Unicef, en la Argentina y en América Latina mueren diariamente miles de niños menores de un año por pobreza, enfermedades gastrointestinales, respiratorias o por desnutrición. Hay que ayudar ya por que la pobreza mata o causa daños irreversibles No hay pues ninguna oposición entre ayudar ya e implementar programas que al mismo tiempo capaciten y ayuden a la gente a ingresar al campo laboral. El día que nos pongamos de acuerdo en que el fin de la economía es el bienestar general, sin excluidos todo será más simple. Cuando lleguemos a esa meta, y solo entonces, podríamos afirmar que el mensaje del Viejo Libro se habrá cumplido, más allá de los cielos compensadores, existirá, realmente la justicia en la tierra.

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