August 17, 2022

En contra de toda lógica y sentido común económico, Cristina Fernández reclama que incluso el déficit fiscal se incremente a un nivel mayor…

Argentina –referencia entrañable para mi– vuelve a ser noticia en el orden mundial. Pero no por buenas razones: ¡la belleza de sus mujeres, la calidad de su futbol o la excelencia de su música criolla! La razón es la crisis financiera y cambiaria en la que ha caído ese país austral y que no tiene visos de corrección.

Lo peor es el aspecto reiterativo: ¡volvieron los argentinos a tropezar con la misma piedra! Los agentes políticos prometen aumentar el gasto público, pero sin un incremento paralelo de los ingresos fiscales. El déficit así producido puede financiarse hasta que los mercados externos se niegan a seguir proporcionando el crédito para su cobertura. Y es entonces que se produce la corrida contra la moneda local, dando lugar a devaluaciones en cascada. Una nueva ministra de economía propone lo lógico: moderar la causa de todo el desastre que es el déficit fiscal. Pero resulta despedida con cajas destempladas.

El agravante es que ante el estallido de la crisis, la vicepresidenta Cristina Fernández, verdadero poder tras el trono, se opone vehementemente al acto de saneamiento. Pero no solo eso: en contra de toda la lógica y el sentido común económico, reclama que incluso el déficit fiscal se incremente a un nivel mayor. ¡Cristina desea sofocar el fuego echándole gasolina!

No tan lejos de esta tragicomedia del hemisferio sur, en México también tenemos nuestra buena saga de obsesiones inflacionistas. Creyéndose muy progresista, el presidente Luis Echeverría permitió que en su gobierno el gasto público se desbocara dando lugar a inflación virulenta que terminó en macrodevaluación al término del sexenio. Y su sucesor López Portillo, con toda imprudencia, incurrió todavía en un expansionismo fiscal y monetario más intenso desembocando su gobierno en una crisis cambiaria todavía peor.

Recuerdo vivamente que estando todavía en la presidencia que le heredó su marido (el “bizco” Kirchner), Cristina Fernández dispuso la destitución de su banquero central, el destacado Martín Redrado. Pensé entonces, como lo sigo sosteniendo ahora, que después de todo México no está tan mal como Argentina. O para decirlo en términos más precisos, al menos no en el campo de la política fiscal y monetaria. En México, mal que bien las finanzas públicas se mantienen en un relativo equilibrio. Ello, además de que ha subsistido la autonomía del Banco de México. Las únicas dos razones por las cuales no estamos hoy igual de mal que Argentina.

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