August 17, 2022


¿Sacrificará Peña Nieto a “La Gaviota” para salvar a su propio pellejo? Solo el tiempo lo dirá.

En 2005, la ONG “Fund for Peace” creó el “Fragile States Index” o Índice de Estados Frágiles que mide la vulnerabilidad del Estado en 178 países. El objetivo principal de este índice es estimar las presiones sociales, económicas y políticas a las que se enfrentan las naciones a través de cientos de indicadores.

No es sorpresa que México haya caído hasta la posición 84 en la edición de 2022. El resultado supone un retroceso de seis peldaños en comparación con la medición anterior, y el punto más bajo para el país desde que se lanzó el índice. A partir del inicio del gobierno de López Obrador, México ha retrocedido 14 posiciones, y el año pasado debutamos en la lista de los países con la leyenda “advertencia” en el mismo nivel que Ucrania y Bielorrusia.

Uno de los indicadores que muestra mayor deterioro es el relacionado con la seguridad pública, indicativo de que la estrategia de “abrazos no balazos” es un rotundo fracaso. Imposible olvidar la decisión de López Obrador al comienzo de su sexenio, cuando prácticamente se dobló ante el cártel de Sinaloa y ordenó liberar a Ovidio Guzmán, uno de “Los chapitos”. En esa forma faltó a su pregona de campaña repetida hasta el cansancio: “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”.

La balacera del pasado martes en Topilejo es un botón de muestra de que el narcotráfico ha seguido expandiéndose desde entonces y está fuera de control. La CDMX ya no solo es territorio de narcomenudistas, como alguna vez presumió Claudia Sheinbaum. Los tentáculos del crimen organizado ya alcanzaron a la capital del país.

El cadáver de una inocente jóven encontrado en una cisterna, descuartizados, crucificados, descabezados e incinerados, masacres de familias completas, actos de tortura y más de 120 mil homicidios en lo que va del sexenio.También lo son.

En este orden de ideas, hace un mes, el General Glen VanHerk, jefe del Comando Norte de los Estados Unidos, señaló que del 30 al 35% de todo el territorio mexicano se encuentra controlado por las organizaciones criminales.

Adicionalmente, los constantes ataques de López Obrador a organismos autónomos, la polarización social, y los magros logros en materia anticorrupción, así como un delicado entorno inflacionario combinado con un bajo o nulo crecimiento económico, parecen estar formando una “tormenta perfecta”. Esa tormenta tendrá que ser enfrentada por el cada vez más frágil estado mexicano en las próximas elecciones locales en el Estado de México, y en las presidenciales de 2024.

En este complicado contexto, la semana pasada se anunció una investigación que realiza la UIF en contra del ex-presidente Peña Nieto. Fuentes cercanas al gobierno han señalado que la había iniciado -y ya tenía el expediente listo- el anterior titular de inteligencia financiera Santiago Nieto.

Entonces ¿Por qué anunciarla hasta ahora? ¿Por qué esperar? El timimg no puede explicarse de otra manera: existen por un lado motivaciones político-electorales y por el otro, la oscura intención de lograr instaurar un “maximato” con el fin de garantizar la transmisión de poder en 2024 (dedazo) y la continuidad de su proyecto e influencia personal.

Pero sobre todo, AMLO quiere asegurar su propia tranquilidad e inmunidad en contra de los delitos en que haya incurrido como consecuencia de la omisión de perseguir a organizaciones criminales. Las consecuencias de la omisión no solo comprenden el territorio nacional, sino que se extienden hacia Estados Unidos.

Sin embargo, diversas fuentes periodísticas señalan que AMLO fue informado de la existencia de una colección de videos en manos de Peña Nieto y su grupo, y cuya divulgación lo pondría en serios apuros y trastocaría a su círculo cercano. Por esta razón, al día siguiente del anuncio, el presidente reculó y contra su costumbre, pidió la presunción de inocencia para Peña Nieto quien al parecer se ha tomado el amago en serio. La reacción inmediata ha sido vender su departamento de lujo en Madrid. En política nada debe considerarse una casualidad.

Mientras tanto, muy al viejo estilo priista, AMLO prepara su sucesión y juega con sus corcholatas. Hasta el momento, Claudia Sheinbaum parece ser la favorita, pero está dejando que las candidaturas de Marcelo Ebrard y Adán Augusto corran paralelas. El presidente sabe que una orden de aprehensión en contra de Peña generaría un aumento inmediato de su popularidad. Y esa acción, provocaría la derrota de la alianza opositora en el Estado de México, y por tanto le permitiría llegar con fuerza para imponer a su candidata o candidato y a su partido en el 2024.

Asimismo, en el orden descrito no dude que el gobierno ya estudia, opera y negocia la posibilidad de procesar a la ex-primera dama Angélica Rivera como una alternativa a Peña Nieto. Lo anterior con el objetivo de negociar la no divulgación de los videos, lo cual le permitiría a AMLO colgarse la medalla de plata y al ex-presidente conservar su libertad. Ha trascendido que la ex-esposa de Peña realizó supuestas operaciones millonarias triangulando recursos a través de una empresa que pertenece a su hermano. Según diversas fuentes, fueron varios y cuantiosos los dineros enviados al extranjero, y hubo torpeza para cubrir la trazabilidad de los mismos.

¿Sacrificará Peña Nieto a “La Gaviota” para salvar a su propio pellejo? Solo el tiempo lo dirá.

Independientemente de cómo concluya esa telenovela, veremos si el Fiscal carnal Gertz logra procesar a alguien y ayudar a su jefe a mantener los buenos niveles de popularidad. De todos modos, pase lo que pase, la propia naturaleza autoritaria de AMLO, y todo lo que está en juego, desembocará en el intento de imponer a su candidata(o) presidencial en un entorno económico y político muy complicado. Si se decide por Sheinbaum, Ebrard podría sentirse traicionado y actuar en consecuencia,  ¿Recuerda el lector a Manuel Camacho?

La última vez que un presidente intentó algo similar fue en 1994. Y se llamó Carlos Salinas de Gortari. Todos conocemos la tragedia que se desencadenó después y que sacudió inexorablemente al sistema político mexicano. No omito mencionar que las teorías más creíbles del magnicidio involucraron – casi siempre- al crimen organizado.

Los funestos elementos presentes en aquella sucesión están vigentes hoy, y el caldo de cultivo está ahí: ¿Podrá AMLO verse al espejo sin reflejarse en Salinas?

Ojalá reflexione y resista la tentación autoritaria, por el bien de México.               

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